Mini-miasma
En la piel del morenito, los granos de sal arden como los infiernos fabriles de la industria del hierro. Rugen motores por sus estímulos hasta el momento de ser cohibido por otro, de menor edad, que le plantea un clonflicto:
-Digamos que tu salud está desapareciendo. Que tus entrañas ya no responden. Que las sensaciones de vivir se apagan con cada paso que das. Cuál sería tu camino.
Pensó el morenito por dieciocho días que se transformaron en meses y luego en años.
Al cumplir los veinticinco le puso precio a su vida y respondió al menor, que conservó la edad de entonces.
-Primero un perro. Después algo más difícil, más ágil, un mono. Y después una persona, luego otra, otra, otra, otra más y todas las que pueda matar antes que la enfermedad termine conmigo.
-Digamos que tu salud está desapareciendo. Que tus entrañas ya no responden. Que las sensaciones de vivir se apagan con cada paso que das. Cuál sería tu camino.
Pensó el morenito por dieciocho días que se transformaron en meses y luego en años.
Al cumplir los veinticinco le puso precio a su vida y respondió al menor, que conservó la edad de entonces.
-Primero un perro. Después algo más difícil, más ágil, un mono. Y después una persona, luego otra, otra, otra, otra más y todas las que pueda matar antes que la enfermedad termine conmigo.